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“Solo tenía 9 años cuando su madre la llevó a servir a esa casa. Su padre había muerto dejando 5 bocas que alimentar y como ella era la mayor le tocó abandonar la escuela y ponerse a trabajar siendo todavía una niña.

Trabajaba mucho para lo pequeña que era y no veía nunca ni una moneda de su sueldo ya que, era su madre, la que se encargaba de cobrarlo cada mes. Nunca pudo comprarse una golosina o disfrutar de un rico pastel. Era la primera vez que pasaba el día de Pascua lejos de su casa. Allí nunca hubo mona para los niños. Cuando vivía su padre con mucho esfuerzo compraba un trozo de chocolate que partía en cinco pequeños trozos y los repartía entre aquellas cinco boquitas hambrientas.

Por eso cuando vio los preparativos en la cocina se escondió detrás dos enormes sacos de patatas y observó anonadada las maniobras de la oronda cocinera. Vio como separaba con cuidado las claras de las yemas y estas últimas, las batía junto con el azúcar hasta que la mezcla se volvía cremosa y blanquecina, entonces, añadía con delicadeza la harina junto con la fécula de patata a través de un colador, como si fuera una fina lluvia. En otro recipiente, batía también las claras, que mágicamente se convertían en una esponjosa crema blanca que parecía una nube. Con mucho cuidado unía las dos mezclas. El resultado era una delicada masa que vertía en un recipiente untado de mantequilla. Entonces, lo introducía en el horno de la cocina de leña que la niña se encargaba de mantener siempre caliente.

Aquellos ojillos vivarachos no perdían detalle de tan fascinante operación, pero cuando empezó a cocerse el bizcocho, el olor que invadió la cocina la dejó absolutamente atrapada. Al fin, la cocinera sacó el pastel y lo dejó enfriando encima de la mesa de madera. Enfrascada en sus muchas tareas, ni se enteró de que la pobre niña se acercaba lentamente a aquel maravilloso pan dulce. Casi sin quererlo, le dio un pequeño pellizco y se lo llevó a la boca. Era delicioso, como si te estuvieras comiendo una esponjosa y dulce nube. Pensó que no pasaría nada si cogía un poquito más y así, fue pellizcando varias veces el bizcocho sin darse cuenta de que, prácticamente, se lo había comido entero.

Cuando fue consciente de lo que había hecho, miró aterrada a la cocinera que la observaba con los brazos en jarras y una expresión de disgusto en su cara. Pero, cuando vio aquella carita asustada, ese gesto sólo le duró unos segundos, ya que, de pronto, su boca sonrió ampliamente y acercando a la chiquilla a su regazo, la abrazó con fuerza y le dijo: -” no te preocupes pequeña, que ahora mismo, con tu ayuda, prepararemos otro bizcocho y nadie se enterará nunca de lo que ha pasado”-

Desde entonces, hace más de cincuenta años, no había dejado ni uno sólo de preparar el día de Pascua y en muchas ocasiones más, el delicioso “pa de pessic“, como lo había llamado desde aquel día que se comió uno entero, “pessic a pessic“.

Ana C.

Una vez más mi querida Ana C. nos deleita con un fantástico relato de este bizcocho tan tradicional en Catalunya. A mí personalmente me ha hecho hasta llorar imaginándome a esa pobre niñita comiéndose el bizcocho y el susto que se dio al darse cuenta que se lo había comido enterito casi sin enterarse… a qué es genial??? Y es que este bizcocho es así… tan ligero y esponjoso que te lo comes a pellizquitos casi sin darte cuenta… Eso pasó en mi casa, tenía que ser la mona de este año pero para cuando me quise dar cuenta ya no quedaba nada y no tenía más tiempo para hacer otro (pero que mentirosa soy!!!! jijijiji realmente quería enseñaros como hago este bizcocho tan típico y para eso debía hacerle una fotografía al corte, así que la mona ya para el año que viene…).

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Parece mentira pero los únicos ingredientes que lleva son tres: huevos, harina y azúcar. Nada de impulsores… la esponjosidad se consigue con varios trucos que os voy a enseñar en el paso a paso pero, principalmente son: un buen batido de las yemas con el azúcar; la incorporación de las claras montadas a punto de nieve con mucho cuidado; y, un horneado correcto.

Este Pà de pessic se utiliza como bizcocho base de muchas tartas, especialmente de la Sara que es la preferida en casa para las monas de Pascua. Según cuenta la historia este bizcocho se llevaba a las procesiones patronales para repartirlo entre sus asistentes, pero tal era su tentación que, pellizco a pellizco, nunca llegaba entero al final de la procesión, por lo que le pusieron de nombre “el pan que se come a pellizcos“. Actualmente no hay muchas pastelerías (por no decir ninguna) que lo elaboren de la manera tradicional, ya que no se pueden arriesgar a que el bizcocho se les baje, por lo que le ponen impulsores. Creo que únicamente se sigue haciendo a la manera tradicional en algunas pastelerías del centro de Vic, donde además de elaborarlo como manda la tradición tienen su propia forma de montar las claras, y es con unas varillas de mimbre en lugar de las eléctricas. Yo todavía no me he atrevido a eso…. necesitaría poner en forma mis brazos para tener los músculos como Popeye… quizá comiendo espinacas??? jijiji por si acaso, yo sigo con mi batidora eléctrica!!!!

Y ya sin más vamos con la receta que al fin y al cabo es lo que queréis leer!!!!

La fórmula es muy sencilla de recordar y así lo podéis hacer a vuestra medida: Se pesan los huevos (con cáscara y todo) y se pone la misma cantidad en azúcar (aunque yo le pongo un pelín menos) y la mitad en harina (de esta parte de harina yo le pongo la mitad de fécula de patata porque le da más esponjosidad). Es decir… Si lo queremos hacer de 4 huevos y éstos pesaran 230 g. (por poner un ejemplo) yo le pondría 200 g. de azúcar y 115 g de harina (de la cual 57 g. en harina floja y 57 g. en fécula de patata). La fécula de patata se puede sustituir perfectamente por maicena aunque yo prefiero la fécula. También podemos añadirle ralladura de naranja o de limón (mi preferido es de limón) o incluso aceite esencial o aromas… esto es totalmente opcional.

Yo os dejo las cantidades que he utilizado para el que veis en las fotografías pero os recomiendo siempre que peséis vuestros huevos y calcular el resto que es muy fácil. El molde que he usado para el bizcocho de 6 huevos es de 22 cm. (aunque creo que para este molde le hubieran ido mejor 5 huevos solamente).

Ingredientes:

  • 6 huevos tamaño M (365 g.)
  • 340 g. de azúcar
  • 180 g. de harina (90 g. floja* y 90 g. fécula de patata**)
  • Aceite esencial de limón (opcional)

*La harina floja la podéis encontrar en tiendas especializadas. Si compráis en el supermercado es mejor la harina normal que la de repostería.

** La fécula de patata, como he dicho antes, la podéis sustituir por Maicena.

Nota: Las harinas admiten muchas variantes: podéis hacerlo todo con harina floja, o todo con fécula de patata, o todo con maicena, incluso todo con harina normal. Probad y veréis los diferentes resultados!!!!

Como lo he hecho:

1. Precalentamos el horno a 200º. Separamos las yemas de las claras de todos los huevos, menos de uno (siempre es mejor dejar uno entero). Engrasamos el molde (si no es de silicona) y lo reservamos en la nevera. Mezclamos las harinas y las tamizamos.

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2. Montamos las claras de huevo a punto de nieve (podemos añadir una pizca de sal y comenzamos a batir a velocidad mínima, y cuando estén espumosas vamos aumentando la velocidad gradualmente) Ya casi al final añadimos 50 g. aproximadamente del azúcar (yo lo hago a ojo, unas 3 cucharadas colmadas). Con esto conseguiremos que tengan más consistencia. Ya sabéis… haced la prueba de poner el bol boca abajo y deben aguantarse intactas. Reservamos.

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3. Batimos las yemas y el huevo entero un poco y después añadimos poco a poco el azúcar mientras seguimos batiendo. Debemos batir por lo menos unos 5 minutos, hasta que prácticamente haya triplicado su volumen y estén bien esponjosas (primer punto muy importante, un buen batido de las yemas con el azúcar).

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4. Añadimos las harinas (mezcladas y tamizadas) en dos veces mientras seguimos batiendo a velocidad máxima (en este punto podemos añadir el aceite esencial, aroma o la ralladura de limón o naranja).

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5. Añadimos las claras montadas con la ayuda de una espátula y movimientos envolventes, con mucho cuidado de no quitar demasiado aire a las claras. Debe quedarnos una masa espesa que al caer forme una especie de cinta para integrarse en el resto de la masa en poco segundos (segundo punto muy importante, mezclar con cuidado de forma envolvente).

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6. Horneamos a 170º durante 40 minutos en la parte central del horno. Al acabar NO ABRIMOS LA PUERTA, y lo dejamos 5 minutos más con el horno apagado. Después entreabrimos la puerta y dejamos así al menos durante media horita que se enfríe bien. Después ya lo podemos sacar del horno, desmoldar y dejar enfriar sobre una rejilla (tercer punto muy importante, no abrir la puerta bajo ningún concepto durante el horneado y respetar los tiempos que os digo antes de abrir la puerta y sacarlo). Espolvoreamos azúcar glas por encima con la ayuda de un colador. Esto es opcional porque podemos comerlo tal cual, rellenarlo de mermelada o usarlo de base para una tarta.

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A mí me encanta espolvoreado con azúcar glas y con unas onzas de chocolate!!!! (sin lactosa claro). Y, se me olvidaba!!! En la parte superior se queda una capita crujientita de azúcar que es una delicia… no hay que echarle nada por encima antes de hornear para que quede así!!!!

Os apetece un trocito???

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Si quieres puedes descargarte la ficha imprimible que he preparado con esta receta pinchando en la imagen

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