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Hoy tenía intención de presentaros un nuevo contenido en mis entradas y a una gran amiga: Ana C. pero creo que nadie mejor que ella para presentarse…

“Ante todo, buena educación. Por eso lo primero es presentarme. Me llamo Ana C. y soy amiga de Cristina, la dueña de este fantástico blog. Podría contaros como nos conocimos, pero sería alargar mucho esta entrada. Así que lo dejaremos mejor para otra ocasión. Sólo decir que nos unió el gusto por la cocina, sobre todo por la repostería.

El otro día, conociendo mi afición por contar historias, me pidió lo que para ella es un favor y para mí un placer, que escribiera un relato para cada receta tradicional que publicara. Por supuesto que acepté sin pensarlo dos veces, porque la aprecio mucho y para qué negarlo, porque la primera es la Crema Catalana y es mi postre favorito.

Lo mío con esta crema es auténtica pasión. Tengo que aclarar que no soy catalana, soy riojana, pero soy una enamorada de Cataluña, sobre todo de Barcelona. La visito varias veces al año. Su luz, su magia, su ambiente cosmopolita, me tienen absolutamente atrapada. Me encantan las sardanas, el “pan tumaca” y la maravillosa crema de Sant Josep. Dicen que su origen es remoto. Antes de la era cristiana era costumbre celebrar los cambios de estación. Estas celebraciones se cristianizaron y como consecuencia se celebran coincidiendo con la navidad, San Juan, San Miguel o San José que es la que nos ocupa hoy.

Parece ser que los orígenes de la receta están en los excedentes de leche y huevos que producían los animales en esta época primaveral. Pero no me entretengo más, vayamos con el relato…”

Se acercaba la primavera. Se podía notar en el ambiente. Los días eran más largos.

Los rayos del sol empezaban a calentar con ganas, y los almendros, poco a poco, adornaban sus ramas, desnudas y secas, con esas sencillas pero maravillosas flores blancas que alegraban el triste paisaje todavía invernal.

Era su época favorita del año. Después del crudo invierno en el que su madre sólo cocinaba potajes, sopas y guisos sencillos pero contundentes, que ayudaban a paliar el frío propio de la estación invernal, la llegada de la primavera ofrecía la posibilidad de volver a probar el maravilloso y cremoso postre con el que su madre, y antes su abuela, obsequiaban a la familia cada 19 de marzo. Ella, por eso, lo había bautizado como la crema de San José.

Por esas fechas, en la granja todo era actividad. Las vacas recién paridas les ofrecían litros de deliciosa leche y las gallinas, animadas por el aumento de las horas de luz, ponían más huevos. Así que era el momento idóneo para hacer esa deliciosa receta.

Ese dia madrugaba más que ninguno para ordeñar la vaca y recoger los primeros huevos. Luego se metía en la cocina con su madre. Se ponía un precioso delantal blanco y, como era pequeña, se subía en un pequeño banquito de madera para no perderse detalle de la elaboración de la crema. Lo primero era hervir la leche con canela y limón. Mientras, ella ayudaba a batir los huevos con el azúcar. También la añadía almidón de trigo que según le había dicho su abuela, era el ingrediente secreto para que quedara una crema fina y suave. Luego era su madre la que se encargaba del paso más difícil, unir todos los ingredientes con cuidado para que no se cortara la crema. Entonces le dejaba darle vueltas con la cuchara de madera durante el tiempo necesario para que la mezcla espesara. ¡Que maravilloso olor a canela y limón inundaba la cocina! No veía el momento de poder probarla. Pero aun había que esperar a que se enfriara…

Con mucho cuidado la iban poniendo en unos cuenquitos de barro que se guardaban en la alacena para la ocasión. Impaciente, revoloteaba por la cocina.

Faltaba el último paso. El momento que más le gustaba, poner el azúcar por encima y con ese aparatejo que se guardaba en un cajón, ir quemándola con cuidado. De eso se encargaba su madre porque decía que era peligroso, ya que lo calentaba en el fuego hasta que se ponía al rojo vivo y luego con suavidad lo iba apoyando levemente sobre el azúcar hasta que tomaba un bonito color dorado. ¡Que olor tan maravilloso desprendía!

Entonces llegaba el ansiado momento. Cogía la primera cucharada que paladeaba despacio, saboreando la delicada textura de la crema mezclada con el delicioso sabor del azúcar quemado. El resto desaparecía con rapidez, pero su padre, con un guiño cómplice, la dejaba repetir, lo que ella celebraba con verdadero entusiasmo dando palmadas y gritos de alegría ante la sonrisa de los presentes.

Todavía ahora, a pesar del paso del tiempo, recuerda con cariño aquellos maravillosos momentos de su infancia, mientras saborea con placer, cada 19 de marzo esta deliciosa crema de San José.

Ana C.

Qué os ha parecido?? A mí me ha transportado por un momento a una época remota que no he vivido pero me hubiera encantado vivir!!! Ana es una amiga muy especial, por esta y por muchas cosas más. Desde aquí quiero darle las gracias por haber aceptado mi propuesta. Me encanta tenerla como colaboradora en el blog ambientando mis recetas con uno de sus fantásticos relatos y espero que a vosotr@s también. Ahora vamos con la receta…

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Qué vamos a necesitar?

  • 1 l. de bebida de arroz*
  • 1 rama de canela
  • 1 limón
  • 8 yemas de huevo
  • 140 g. de azúcar
  • 50 g. de almidón de trigo**

* Si no tenéis intolerancia a la lactosa ni alergia a la proteína de la leche, la hacéis con leche normal evidentemente…

** El almidón de trigo es primordial, es lo que marca la diferencia entre la crema catalana y la crema pastelera que se hace con almidón de maíz (maicena).

Y como la vamos a hacer?

1. Calentamos la leche con la canela y la ralladura del limón, a fuego medio alto (en la vitro al 7). Antes de que empiece a hervir retiramos, tapamos con un plato y dejamos que se infusione bien. Lo mejor es dejarlo de un día para otro pero si tenemos prisa lo dejamos solo mientras preparamos el resto.

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2. Mezclamos el azúcar con el almidón y lo añadimos a las yemas, poco a poco, mientras removemos con unas varillas manuales hasta que tenga la textura de una crema y algo blanquecina.

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3. Vertemos un poquito de la leche aromatizada, colada, sobre la mezcla hasta que esté líquida, y luego echamos el resto de la leche. Lo ponemos a fuego medio alto (en la vitro al 7), sin parar de remover con las varillas hasta que desaparezca la espuma y espese. Es importante que no llegue a hervir. En el momento en el que no hay espuma ya está lista, cuando se enfría espesa aún más.

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4. Vertemos la crema en cazuelitas de barro (de 12 cm.) y dejamos enfriar a temperatura ambiente. Después tapamos con papel de aluminio y las pasamos a la nevera y esperamos a que estén bien frías antes de echar abundante azúcar por encima y quemar con un soplete o una pala para formar el caramelo crujiente.

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Notas:

  • Salen 6 raciones
  • Deben estar bien frías de la nevera para que el azúcar se queme bien y se debe hacer al momento de servir porque si no el caramelo se vuelve líquido.

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Si quieres puedes descargarte la ficha imprimible que he preparado con esta receta pinchando en la imagen

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